Sábado, Outubro 24, 2009

Se llamaba Norma y murió un día después de que la conocí de un tipo de cáncer raro que los doctores no pudieron detectar a tiempo. Salí del hospital llorando a pesar de haberla visto una única vez. No fue mi amiga, no la traté, no supe cómo era y lloré porque ella tenía miedo a morir, mientras por esos días lo que más deseaba yo era borrarme por lo menos de lo que veía en el espejo. Quince días después estaba yo en cama y el diagnóstico no era muy alentador: dengue clásico y pensé que moriría de lo mal que me sentía. Salí viva y estoy aquí para contarlo y para gritar que no quiero morir, porque a pesar de tener una vida tan rara y complicada quiero seguir aquí, deseo que me vean sonreír y de vez en cuando quiero llorar a solas, quiero reconfortar a quién me necesite y que alguien, aunque sea uno solo me reconforte.

Quinta-feira, Setembro 24, 2009

De cambios...


Para matar mis sueños, yo soy mi propia
espada, Ya no me importa nada, si me arden los
domingos, tu piel las madrugadas. Ya no me importa
nada, si ya encontre mi llave, Ya no me importa
nada.
Erica Garcia

Demorada y de morada, con perforación en la nariz y de un humor inexplicable. Hace ya unos cinco años quería perforarme la nariz, pero siempre algo me detenía, primero que era estudiante y ganaba muy poco dinero como para gastarlo en cosas banales y otra, la principal, el dolor; le temo al dolor físico tanto como al dolor emocional, tal vez más al segundo que al primero. A principios de este mes pasé por una avenida donde abundan los lugares de tatuajes y perforaciones y estuve a punto de entrar solo para preguntar cuánto costaba perforarme la nariz, si dolía, si usaban anestesia y también quería ver los diseños de los tatuajes. No entré continué mi camino. La espinita no salía de mi corazón. Creí estar enamorada y pensar en el chico distraía la atención un poco. Sin embargo bien sabía que necesitaba un cambio radical. Entonces empecé por desenamorarme el fin de semana pasado. Me costó trabajo, me dolió y lloré, pero estaba mejor el domingo y el lunes le sonreí a otros ojos. El día de ayer me teñí el pelo, morado, unas mechitas nada más, en un mes más me haré más y hoy me perforaron la nariz.

Es curioso, parezco adolescente con ganas de ser rebelde y escapar de la casa de los padres; solo que no vivo con mis padres y hace bastante que no soy adolescente. Estoy convencida de mi estilo original y hasta un tanto extravagante. Mi nariz sangró mucho, debo confesar que sí me angustié un poco, pero ya estaba ahí y el tipo que me perforó, a pesar de parecer de lo peor a los ojos de cualquier señora de buena familia,lo hizo con todo el cuidado posible y con las medidas de higiene y salud necesarias; desinfectante, guantes de latex, aguja estelil y un poco de lidocaina. La sangre apareció después, pero no fue problema, mis heridas sanan rápido.

Tres decisiones: desenamorarme de aquél que no me ama, corte y color nuevo y aretito en la nariz. Tres decisiones de las que me haré totalmente responsable y asumiré las consecuencias. De las dos últimas podría arrepentirme, el pelo crece y la perforación puede cerrarse, pero no creo hacerlo. La primera decisión es para la que definitivamente no hay marcha atrás.
Y precisamente porque no hay marcha atrás hoy mi humor no puede explicarse. Siento demonios rondando mi cuarto solitario y sola los ahuyento. Los espanto cantando tan fuerte como puedo la canción de Erica Garcia Ya no me importa nada. Y duermo soñando que no te conocí, duermo como otra en nariz y cabello, pero no olvido que soy la misma que por dentro espera ser amada.


Sexta-feira, Setembro 18, 2009

Para D pensando en A

Corre y abrázala, llévala lejos, hazla que deje de esperar.
Sé tú su compañía y abandónate para no abandonarla.
Huye con ella por entre la corriente y no mires atrás
no la dejes pensar y no razones mucho.
Si acaso se negara a acompañarte
ofrécele tu abrazo como quien nada busca, como quien nada espera.
Gánate su confianza mírandola de frente y
cuando más distraída esté muerde sus dos pezones como haces con la uvas,
lleva tu dedo índice del corazón al pubis y llega más profundo.
No la abandones, pero déjala libre.
Sueña con ella sin elegir sus sueños.
Ámala así sin más, pues es ella la indicada.

Cristina Maldonado (Para D pensando en A)



Sábado, Setembro 12, 2009

La humedad es tan triste que necesito abrazos. La soledad tan esquizofrénica que necesito amigos. Vine a tomar espuma al café de la esquina, al café de siempre, a la mesa de siempre, frente a la silla roja que nunca me abandona y continua a tu espera. Hay una buena música sonando en el estéreo. Allá afuera en las calles vacías alguien ha derramado vino transparente y no quiso llenar mi copa. Y en algún otro café del universo alguien me espera también en una silla roja. Tal vez está leyendo un libro, es posible se sienta perseguido y quizá ha comenzado a tener pesadillas durante el día y a dejar de soñar mientras duerme, porque no duerme igual que yo.

Se termina el café, el lugar va a cerrar, no hay donde refugiarse. Los gatos se escondieron, pues no les gusta el agua y ¿qué podemos hacer con tanta soledad y tantos rincones húmedos perdidos? Sin brazos que nos aprieten, sin distancias que se acorten; ¿a dónde ir, si todo está mojado?

Sexta-feira, Agosto 21, 2009

¿Serás algún día mi momento presente?


No eras tú, una vez más tomé el camino equivocado. No digas nada que faltan las palabras y sobran las mañanas grises de lluvia. No en verdad, no me mires; no así, no con esos ojos perdidos, encerrados en un pasado de caminos llenos de nostalgia.



No eras tú y lo comprobé ayer, cuando en una servilleta dejé un recado de amor para otro mientras te pensaba distante. Dejé una nota para otro, otro que también desconozco, otro que no me sabe ni lo sé, otro que aunque distante también, está de este lado de la reja con un espejo menos empañado que el tuyo.


No eras tú y lo sentí esta mañana cuando la lluvia mojó mi ciudad y todos los pueblos y cada una de las mujeres que habitan en mí, me mojó a mí y no quiso mojar tu tierra, ni tus frutos, ni cada uno de los hombres que habitan en ti.


No eras tú, no, no, no eras tú y yo una vez más quise que fueras, pero lo que es ya no era. Sé que no eras tú y de algún modo lo fuiste. No, no eras tú, no para ese momento... y la pregunta queda abierta: ¿Serás? No ya mañana, no en un mes, o dos, simplemente ¿serás algún día mi momento presente?

Domingo, Agosto 16, 2009

capuchino y mujer


Dice que se llama Isaac y prepara un capuchino tan espumoso y cremoso como su mirada. Es increíble, pero ella acude a ese cafecito más por sus ojos que por el café.

Se miran, se sonríen. Ella, como dentro de la taza, le suplica la salve de ese calor café que le produce ser la cliente y no la compañera de trabajo; él desde fuera sonríe de nuevo y pregunta:

-¿Lista para ordenar?
- Sí,que sea un capuchino
-¿Algo más?
-Sí, tus ojos en una cajita de madera para verlos durante la noche.

Ojalá se hubiera atrevido a pedirle también la mano, el teléfono y todo lo demás. Como siempre, se limitó a sentirlo lejano; intentó perderse en sus ojos de café, pero la cocina lo llamó. En otra mesa habían pedido más café y ella sola como todas las tardes en esa mesa lo vio perderse en el azul de las cortinas.

Sexta-feira, Julho 31, 2009

Para la colección de papalotes y miradas al cielo

Foto: Cristina Maldonado. Tarde en Cholula, Puebla.

Esa tarde miramos el cielo un poco más cerca de lo acostumbrado. Esa tarde las nubes bajaron a saludarnos con beso en la mejilla. Recuerdo tu mirada perdida en la mía que observaba sonidos lejanos; sonidos de papalote perturbado por relámpagos.


Esa tarde me perdí viendo volar tus ojos que como el papalote me llevaron a otros cielos, a otros pueblos, a mundos fríos empapados de lluvia.

Y de pronto estábamos el uno sobre el otro ya sin frío y con música dulce en los labios. Esta vez sin palabras, sin un: "¿Puedo? " sin un: "¿quieres?" sin un: "¿te gusta?" De ventana y puerta cerradas entramos en el mundo del otro, el del espejo, en ese mundo que todo lo sabe y nada nos cuenta porque ya lo sabemos. Entramos a recordarnos y a reconocermos. Entramos solitarios y regresamos tomados de la mano. Después te solté y nos supimos libres, siempre dispuestos al reencuentro y a la cercanía, muy a pesar de nuestras realidades paralelas.